Transformaciones de los siglos IV y V

En el año 297 d.C. Diocleciano divide al imperio y establece la Tetrarquía. Con esta restructuración, se incrementa el número de provincias y se crean nuevos Concilia.
Otro cambio importante fue la adopción del cristianismo, en el año 313, como religión tolerada. Posteriormente fue adoptada como religión oficial por Teodosio. Si bien este hecho finaliza el culto imperial no ocurre lo mismo con las asambleas que se reunían con motivo de dicho culto. Y además, el hecho que durante el siglo IV la vida rural tomó mayor protagonismo implicó la necesidad de los Concilia provinciales como órganos que desempeñaban tareas políticas y administrativas.
Los Concilia se componen por los representantes de la aristocracia imperial y de la municipal. Los primeros tienen la posibilidad de hacerse representar mientras que los segundos lo deben hacer personalmente.
La periodicidad de la reunión continúa siendo anual pero puede convocarse a un concilia extraordinario ante situaciones que lo ameriten. Si ben la discusión es libre, lo acordado debe tener la aprobación del emperador para entrar en vigencia.
Las funciones más importantes de los Concilia durante este período son las que guardan relación con la administración pública.  La principal actividad es el control de los gobernadores y funcionarios.
 
La nueva división de Diocleciano no modificó las fronteras de Bética y Lusitania pero sí Hispania Citerior que se dividió en tres provincias:
  1. Galicia: que comprende también Cantabria;
  2. Hispania Tarraconensis, incluye toda la cuenca del Ebro
  3. Hispania Carthaginensias que comprende el resto de la antigua Hispania Citerior

División de Hispania en época de Diocleciano
 
Esta nueva organización implica la creación de diócesis que abarcan provincias que guardan relación debido a la geografía, etnia o historia.
La península completa constituye la diócesis de Hispania. Este hecho marca la creación de una conciencia de solidaridad y de comunidad nacional única.

Demografía durante la época romana

Es muy difícil establecer cuál era la cantidad de pobladores de cada ciudad pero se pueden realizar ciertas estimaciones.
Durante la época de conquista es posible afirmar que existió un aumento notable en la población debido a los colonos romanos que se trasladaron a algunas ciudades.
Durante el Bajo Imperio las fuentes literarias contemporáneas afirman que existió una gran emigración en las regiones orientales del imperio pero estos no hacen referencia qué sucedió en la zona española.
Según las condiciones de vida de la ciudad y la organización económica del Bajo Imperio es posible deducir que la despoblación afectó más a las ciudades que al campo.
De acuerdo a los cálculos realizados por diversos historiadores, la población de la península era de alrededor de 6 y 7 millones siendo el promedio de vida de unos 40 años.
Acerca de los movimientos poblacionales se puede afirmar que la ciudad atrajo a una gran cantidad de habitantes rurales.
Tarraco (Tarragona) fue una ciudad que atrajo a la mayor parte de la población que emigraba de las ciudades y del interior de la península. La razón puede ser que era un centro urbano con un gran desarrollo de las actividades comerciales y además allí residían, militares y funcionarios de paso.

tarraco
Tarraco

Las ciudades con una industria y comercio de importancia y que se ubican a las orillas de ríos navegables atraen a personas con intereses comerciales. Algo similar ocurrió con aquellas urbes que tenían relaciones con centros de minería.
La cuenca del Ebro es un gran centro de atracción pero no alcanza la importancia de las ciudades del sur. 

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